martes, 1 de junio de 2010

La talidomida





Todo tiene sus causas y sus consecuencias y, en ocasiones, una enfermedad insignificante puede llevar consigo remedios nefastos. En el ámbito de la Medicina, uno de los ejemplos más claros y desafortunados es el caso de la talidomida, producido por Chemie Grünenthal, Alemania.

Entre los años 1958 y 1963, los médicos comenzaron a tratar las náuseas propias de las mujeres embarazadas –hiperemesis gravídica – con este novedoso medicamento llamado talidomida, el cual se fabricaba a partir de una molécula activa, un quiral, como mezcla racémica de las formas L y D. En su función de sedante, cosechó un gran éxito popular, ya que no causaba casi ningún efecto secundario y no era letal en caso de ingestión masiva.

El “casi” de los efectos secundarios se hizo desgraciadamente visible poco después. Uno de los isómeros con los que se había formado el medicamento tenía efectos teratogénicos, es decir, provocaba malformaciones en los fetos. Concretamente, la focolemia, una anomalía congénita caracterizada por la carencia o excesiva cortedad de las extremidades. El medicamento, que también era empleado como remedio para la tos, podría haber afectado a los fetos de dos formas: bien mediante la transmisión de espermas nocivos por la anterior ingesta de talidomida por parte del parte o bien por la propia madre.


Sabiendo esto, fue rápidamente retirado del mercado y empezó a tenerse en cuenta la esteroisomería en moléculas, pero ya había dejado consecuencias. Mismamente en España, provocó malformaciones a unos tres mil niños. Cuarenta años tras su prohibición en nuestro país, las veinticuatro víctimas supervivientes podrán recibir ahora una indemnización que oscilará entre los treinta mil y los cien mil euros, pero, ¿es que el dinero es un medicamento contra los errores médicos?

No somos omniscientes y jugar a ser dioses puede llegar a ser muy peligroso. La responsabilidad de los médicos es salvar vidas, no jugar con ellas y aún menos para disimular unas náuseas naturales y pasajeras. Entre tanta enfermedad, que se encuentren curas de verdadera utilidad.

Todo tiene sus causas y sus consecuencias y, en ocasiones, una enfermedad insignificante puede llevar consigo remedios nefastos. En el ámbito de la Medicina, uno de los ejemplos más claros y desafortunados es el caso de la talidomida, producido por Chemie Grünenthal, Alemania.



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